Cómo crear el menú perfecto para tu negocio - Servicios Comerciales
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Cómo crear el menú perfecto para tu negocio

Cómo crear el menú perfecto para tu negocio

Cuando diseñamos el menú de un restaurante, sea este del tipo que sea, tenemos que tener en cuenta una multitud de aspectos que, a menudo, se olvidan. ¿Cómo es el menú perfecto? Bueno, partamos de la base de que el menú perfecto no existe. Y que los menús, o las cartas, no son productos finales sino que se parecen más a un ser vivo que evoluciona. Evoluciona y cambia con el tiempo porque el público que viene a nuestro local va cambiando. Porque, aunque sean los mismos clientes, estos ya no serán el mismo cliente que vino por primera vez. Ya sabe lo que le gusta y lo que no. Y ahora busca más… 
También evolucionan las cartas, o deberían, por productos de temporada. Y lo hacen según las modas. Obviamente hay conceptos más estáticos ante estas modas, pero sin duda todos se ven afectados de una u otra manera. 

 

¿Qué buscamos en el menú perfecto? 

Lo primero y principal es que sea un menú para todo el mundo. El objetivo es que cuando un grupo quiera venir a nuestro local nadie diga «yo ahí no voy que no hay nada para mí». Por eso debemos pensar en gustos, intensidades de picante, alergias y decisiones personales y/o religiosas (no comer cerdo, ser vegano…). 
Obviamente hay conceptos que se prestan más a un menú variado que otros que son más cerrados o limitados. Pero la calidad y variedad de nuestros productos deben estar al mismo nivel siempre. No podemos dar una carne de primera a unos y pensar que el vegano se conforma con una ensalada de tomate. Que estará muy rica, pero hay mil opciones. 
Siempre debemos pensar en tener opciones con carne, pollo, pescado, pasta y verduras. 

 

Entrantes y postres

Un menú bien diseñado debe contemplar una ruta para el cliente bien clara y establecida: entrante, principal(es) y postre. Junto a la bebida, los postres son los platos que más margen nos van a dejar. Los entrantes son ese plato ideal que nos va a hacer subir el ticket medio unos buenos euros. 

En ambos casos, quizá lo más importante (además de la calidad y coherencia con nuestro concepto) son las cantidades. En demasiadas ocasiones los entrantes y postres son demasiado grandes o demasiado pequeños. Si no se avisa al cliente correctamente, tendrá la sensación de haber regalado su dinero. 
Según nuestro concepto de negocio, los entrantes tendrán más sentido en formato individual o para compartir (siempre es la mejor opción). Además, es importante que en el caso de elementos contados (croquetas, gyozas o similares) demos la opción de ampliar las raciones. A todos nos ha pasado la desagradable experiencia de ser 5 personas a repartir 4 croquetas… 
En el caso de los postres hay unos básicos, un fondo de armario, que todo menú perfecto debe tener: chocolate, queso, lima/limón y helados. Y siguiendo muy de cerca clásicos como la tarta de manzana o la de zanahoria. Y a partir de ahí, podemos ponernos creativos, buscar nuevos sabores, mezclas imposibles… Y, ahora más que nunca, pensar en formato para llevar y formato individual. 

 

Coherencia

Quizá el punto más difícil a la hora de enfrentarse a la creación de un menú para un restaurante, un bar o cualquier negocio es dotarlo de coherencia. A menudo se acaba haciendo «lo que se sabe» o atajando con comidas que «gustan a todo el mundo» (sea esto verdad o mentira). 
Y esa coherencia lleva dos patas: sabores y precios. 
Para los sabores no hay una receta clara más allá del sentido común: no poner conejo en un restaurante vegano, no poner una paella en una hamburguesería… es importante que el cliente sepa a dónde va a comer ¿Pero eso no matará la sorpresa? No. Dentro de tu concepto, de tu idea de negocio claro que puedes (¡y debes!) sorprender al cliente. Con un plato que no se espera, con una reinterpretación de lo que ya tiene, añadiendo ingredientes extras… 
Con el precio es algo más fácil. Ya sabes que te podemos ayudar a hacer tus escandallos. Se trata simplemente de que la diferencia entre lo más bajo y lo más alto no sea excesiva. Y pensar no sólo en el porcentaje de beneficio que nos deja cada plato, sino que en caso de consumir uno y no otro, el beneficio neto pueda ser equivalente. Es decir, coherencia en el menú. 

 

Menú infantil

Por último, algo fácil: los niños pueden comer de todo. No es necesario que el menú infantil sean siempre nuggets de pollo o pasta. Podemos darles prácticamente de todo (quitando cosas muy picantes y poco más), sólo que en cantidades más moderadas. Si lo hacemos rico, les va a gustar. 

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